1.2 · La mala iluminación
¿Cuándo fue la última vez que viste un cielo con miles de estrellas?
Acompáñanos en este viaje hacia la noche que estamos perdiendo: baja despacio y mira qué le pasa a este cielo. Es la misma noche y la misma hora de principio a fin; lo único que cambia es la luz artificial que encendemos.
Qué es la contaminación lumínica
Luz donde no hace falta, cuando no hace falta o más de la que hace falta.
Tiene cuatro caras: el resplandor que ves crecer sobre el horizonte, el deslumbramiento que te ciega, la luz intrusa que se cuela por tu ventana y la sobreiluminación: alumbrar más de lo necesario.
Cómo se mide
La escala de Bortle: del 1, el cielo prístino, al 9, el centro de una ciudad.
Con un 1, la Vía Láctea es tan brillante que proyecta sombras; con un 9 sólo quedan la Luna, los planetas y las estrellas más brillantes.1 Es la regla numerada de la derecha: síguela mientras bajas. El dato fino lo da un fotómetro, en magnitudes por segundo de arco cuadrado: cuanto más bajo el número, más brillante —y peor— el cielo.
Primero se va la Vía Láctea
Cada farola que alumbra hacia arriba tiende un velo sobre el cielo.
La luz sube directa, de la farola, y rebotada en el asfalto. El aire la esparce en un fondo más brillante que las estrellas débiles, que son las primeras en irse, y con ellas la Vía Láctea: el 60 % de los europeos ya no puede verla desde donde vive.2
99%
de la población europea vive bajo un cielo contaminado por luz artificial.2
España es el tercer país de la Unión Europea con más contaminación lumínica, tras Grecia y Malta.3
Luego, las constelaciones
Se quedan sin dibujo.
Sobreviven las estrellas más brillantes, sueltas, sin las débiles que unían la figura. Es el cielo del centro de cualquier ciudad.
El giro del LED
La luz que iba a ahorrar ha ensuciado más el cielo.
El LED blanco de 4.000 K emite mucho azul, y el aire esparce el azul de 450 nm casi el triple que el ámbar de 590 nm. Encima, el ojo adaptado a la oscuridad es más sensible a él: a igualdad de lúmenes, contamina unas 2,5 veces más que el sodio naranja de siempre.2 Es lo que acaba de pasarle a este cielo.
Y desde arriba no se ve
Los satélites son ciegos al azul.
El sensor que fotografía la Tierra de noche no ve por debajo de 500 nm: una ciudad que cambia el sodio por LED blanco parece, desde el espacio, más oscura. A simple vista, el brillo del cielo crece un 9,6 % al año.4 Y como la luz sale más barata, se pone más: la superficie iluminada del planeta creció un 2,2 % al año entre 2012 y 2016.5